Puede parecer muy difícil, pero mantener una piel sana depende tan sólo de seguir unas normas elementales. Antes de plantearte que necesitas tal o cual tratamiento reflexiona sobre los cuidados que proporcionas a tu piel, probablemente la solución esté en aplicar unos mínimos aportes y mejorarás visiblemente. 

Aun a riesgo de que resulte una perogrullada, no está de más recordar que las bases sobre las que se sustenta cualquier piel sana son :

1.- Limpieza y exfoliación, con los productos adecuados y la frecuencia necesaria.

2.- Hidratación y nutrición, tanto exterior como interiormente.

3.- Protección.

Estos tres pilares se complementan, de forma que no sirve de mucho mantener una piel muy limpia si no se protege adecuadamente de las agresiones externas, o aplicar capas y capas de nutritiva en una piel obstruida por la grasa o las células muertas.

  • Limpiar la piel , tanto la del rostro como la del resto del cuerpo, es esencial, pues supone no solo eliminar la suciedad, grasa o  sudor, sino que predispone mejor a la penetración de los productos que aplicaremos con posterioridad. En el caso de la piel del rostro sucede que también es necesario desmaquillar (en caso de utilizar productos cosméticos de color, obviamente), por lo que en su limpieza estarán implicados productos diferentes, pero igualmente efectivos.
  • Exfoliar ayudará a retirar de forma manual las células muertas que se acumulan en la superficie de nuestra piel, como parte del proceso natural de renovación celular. Esta fase de renovación celular se ralentiza con el paso del tiempo , pero también es posible ayudarle desde el interior para que siga conservando su regularidad, lo que veremos más detenidamente en su momento.
  • Hidratar la piel supone mantener su nivel de humedad, evitando que se rompa la barrera protectora natural y consiguiendo así que pueda defenderse de las agresiones externas. En caso de pieles secas o muy secas será necesario recurrir a formulaciones integrales con propiedades nutritivas, emolientes, hidratantes y protectoras de forma simultánea.
  • Proteger la piel adecuadamente nos proporcionará elementos defensivos suficientes para afrontar situaciones de daño potencial y  prolongará la juventud y  su aspecto saludable .

Poco a poco iremos viendo que productos son más o menos recomendables para cada tipo de piel y como utilizarlos adecuadamente.

Además de estas normas esenciales, podemos ayudar, y mucho, desde el interior, al aspecto sano de nuestra piel dando prioridad al consumo de alimentos crudos ricos en vitaminas y minerales, durmiendo lo suficiente , eliminando el hábito de fumar o el consumo de alcohol y reduciendo, en lo posible, el estrés.

Algo muy importante a tener en cuenta:

  • No te obsesiones con esperar resultados milagrosos rápidamente. El secreto de todo éxito está en la paciencia. Probablemente lleves mucho tiempo sin tratar tu piel de la manera correcta, por lo que resulta descabellado imaginar un cambio espectacular en tan sólo unos días.
  • Sé constante. De nada sirve cambiar un tiempo y volver a los malos hábitos después. Para mantener los resultados no basta con cambiar, hay que mantener las buenas costumbres de por vida.
  • Apúntate a una actividad física suave y practícala regularmente. Caminar a paso ligero, montar en bicicleta o nadar constituyen un entrenamiento completo y muy beneficioso para el aspecto de tu piel, gracias a la mayor oxigenación de tus células.
  • Evita las variaciones constantes de peso, con ello evitarás desajustes en tu metabolismo y la temida flacidez.
  • Sonríe siempre que puedas. A pesar de que te digan que gesticular mucho marcará tus arrugas, da prioridad a los innumerables beneficios que la risa tendrá en tu organismo y en tu estado de ánimo, así que déjate llevar y sonríe a la vida !!.

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