Desde siempre, a la mujer española se le ha considerado “guitarra”, “pera”,“regla”…,  en función de su figura, siendo la más ansiada la forma de guitarra, considerada perfecta para la forma femenina.

No obstante, la moda también llegó al cuerpo, y lo que hasta entonces era considerado un ideal pasó a convertirse en lo opuesto a la perfección, y la batalla se libraba por conseguir un cuerpo escuálido y sin formas.

En los años 80 la frase “estar en forma” se comenzaba a emplear, más en un contexto de delgadez que en uno referido al bienestar general y un óptimo estado de salud.

No es necesario incidir mucho en los estragos que causó la moda del culto al cuerpo, hábito iniciado por personajes populares, que  llegó a calar profundamente en la mentalidad de muchas adolescentes cuya meta era alcanzar, a toda costa, una insana talla 34.

La controversia referida a las tallas ha estado siempre supeditada a numerosos intereses y a una escasa iniciativa de labor educacional hacia la salud y el cuidado responsable del cuerpo.

No hace mucho, el Mº. de Sanidad español, decidió tomar cartas en el asunto, y avalado por algunos especialistas en la materia, estableció las formas femeninas en función de su constitución natural, siendo “oficialmente” las siguientes:

  • CAMPANA. Mujer con una anatomía basada en hombros estrechos y caderas anchas, cuya forma se acentúa con los años.
  • CILINDRO. Son mujeres con la peculiaridad de presentar formas completamente rectas, sin curvas .
  • DIÁBOLO. Esta anatomía es la opuesta al cilindro, pues se trata de mujeres con curvas, repartidas en una proporción correcta. Los hombros y las caderas comparten unas medidas armoniosas y la cintura está marcada.

Esta iniciativa, plausible en un principio, siguió dejando un importante vacío, al respecto de definir la verdadera importancia de las personas, al margen de la medida de sus caderas .

A mi entender, cualquier catalogación termina siendo un tanto formalista, y más en este caso,  si no se define el objetivo por el que se creó.  Lo realmente importante hubiera sido insistir en el mensaje de que cualquier forma puede ser tremendamente atractiva, y que lo verdaderamente saludable comienza por cultivar la autoestima y  educar en el respeto hacia los demás.

Además de esto, está claro que no todas las mujeres responden, exactamente, a dichas descripciones, resultando, eso sí, una buena base a partir de la cual pueden establecerse numerosas variantes y combinaciones.

Tal es el caso que ya mucho antes, afamadas asesoras de imagen, como las británicas Trinny Woodall y Susannah Constantine, Trinny&Susannah (imagen superior),  establecieron su propia clasificación, en base al profundo conocimiento de la morfología femenina y gracias a su labor como diseñadoras y estilistas, y por la cual las mujeres podemos tener cuerpo de manzana, de reloj de arena, florero, cono, chupachups, violonchelo o columna, entre otros.

Esto no hace más que  confirmar que las medidas perfectas lo son en cada mujer, dentro de su propia complexión, y que lo  realmente constructivo parte de la propia aceptación y de una interpretación de la moda al respecto de adaptarla a las caracteristicas individuales de cada una de nosotras.

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