Puede parecer populismo, pero no miento cuando opino que envejecer es una experiencia que supone algo más que encontrarnos patas de gallo; es haber experimentado muchas cosas y aprendido de ellas para enseñarlas a nuestros hijos, por ejemplo, pero también es (o debería ser así)  mostrar la prueba de que hemos reído, llorado, vivido… Tampoco es que defienda abandonarse por completo al paso del tiempo. Uno puede llevar un tinte en el cabello para ocultar unas canas, o base de maquillaje para disimular las manchas, pero de ahí a perder la personalidad hay un largo camino.

Parece una contradicción, pero son los actores/actrices los que más se entregan a esto de la cirugía y quienes pierden por completo su capacidad de gesticular; ellos, que viven precisamente de parecer creíbles con sus gestos y expresiones. Algun@s, hay que reconocerlo, han querido corregir pero han sabido parar a tiempo. Casos como el de Elsa Pataky nos demuestran que algunos arreglos unidos a un estilismo más acertado obran verdaderos milagros, pero estos casos son los menos, y lo evidente es que a los demás se les va la mano con el bisturí y la toxina botulínica.

Elsa Pataky, con un aspecto anterior a someterse a varios arreglos estéticos

Elsa Pataky después de haber afinado sustancialmente su nariz y contratar a un buen estilista, claro

Famosos… tocados, y destrozados, por la cirugía

La prueba palpable de que también se comenten (graves) errores a la hora de pretender rejuvenecer es la cirugía mal empleada. En esto de las operaciones en el rostro hay opiniones de todo tipo, que si un “retoque” por aquí, que si botox por allí y no pasa nada, que si cuando empiezas no puedes parar, …  Sea como fuere, los riesgos de la cirugía o -mejor dicho- las consecuencias de la cirugía, no terminan cuando se sale del quirófano, sino que se viven y sufren por mucho tiempo después. No hablamos únicamente de mala cirugía, sino de buscar con ella un imposible, porque lo más probable es que lo que veamos sea el resultado de haberse extralimitado con una piel y unas facciones que no daban más de sí, y de haber querido exagerar hasta el límite de caer en lo ridículo.

Rostros angelicales que se han convertido en auténticas réplicas de muñecos diabólicos sin ningún glamour o atractivo. Una pena que la ambición por parecer más joven y despertar la envidia consiga justamente lo contrario: hacer sentir pena y rechazo. Creo, sinceramente, que estas personas hubieran soportado el paso de los años con una belleza serena y natural, recuerdo de lo que  tuvieron y retuvieron años atrás.

Meg Ryan, uno de los rostros más dulces y cándidos del cine. Una belleza entre inocente y pícara pero muy natural y que refuerza mi teoría de que el paso de los años le habría sentado más que bien. Hoy su rostro ya no es el mismo… Creo que no hace falta explicar el antes y el después.

 

Otro rostro bastante angelical y que resultaba fenomenal en pantalla, sin embargo hoy es una especie de caricatura imposible, y lo peor de todo… ¡siendo tan joven !!!  ¿Será posible que pueda seguir negando que es una botox-adicta?

No son solo las mujeres las que cometen estas tropelías faciales. No hay más que buscar imágenes de Mickey Rourke, Silvester Stallone o Burt Reynolds para, más que reírse, compadecerse de ellos. Y cada vez abundan más los casos de compañeros de trabajo, amig@s o familiares, gente mucho más cercana en definitiva, que también se entregan sin temor a las dosis de botox que pareciera más bien que las regalan, por la frecuencia con la que las emplean sobre su rostro,…

Se puede estar maravillosa y fantástica con 40, 50,  60 y hasta 70 años, conservando una imagen estilosa y envidiable. Quiérete, mímate y luce orgullosa lo que la vida te ha regalado y que tan bien empleas a tu favor, tienes mucho que ofrecer !! ;)

No al extremo, no a ser objeto de burla, no a obsesionarse con envejecer.

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